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ROMA 13-17 de NOVIEMBRE de 1996

CUMBRE MUNDIAL DE LA FAO

DOS HUMANIDADES CADA VEZ MAS POLARIZADAS, SEPARADAS POR UN ABISMO JAMAS CONOCIDO DESDE QUE EL HOMBRE TIENE MEMORIA: RIQUEZA Y POBREZA INFINITAS.

Algunos datos.

Pocos saben que el problema del hambre en Africa, por ejemplo, ha asumido dimensiones colosales sólo en los últimos treinta años. Hace cuarenta años el continente era autosuficiente alimentariamente al 98%. Hoy logra producir solamente el 70% de sus necesidades, por diversos motivos pero sobre todo porque los monocultivos, café, cacao, bananas, tabaco, etc., destinados a la exportación, han desplazado la agricultura de subsistencia que permitía la sobrevivencia de las familias campesinas.

La pobreza, la desigualdad y la desocupación, no son sólo moneda corriente del Tercer Mundo sino que tocan también a los países del Norte. Durante el período que siguió al 1988, la economía mundial conoció el declino más acentuado de los últimos cincuenta años. Aumentaron los índices de desocupación en el mundo industrializado, mientras los salarios reales de la mayoría de los trabajadores diminuyeron. Los regímenes de seguridad social fueron desmantelados en la mayoría de los países; la pobreza se ha ido extendiendo también en los países más ricos, provocando un significativo deterioro de la distribución equitativa de los salarios y de la salud.

Los EEUU, por ejemplo, que dicen de poseer el mejor sistema económico del mundo y que se creen campeones en la imposición del modelo del libre mercado a todos los demás, en el 1993 tuvo una desocupación real del 13,8%, casi el doble del índice oficial. Los salarios reales de los trabajadores norteamericanos hoy son más bajos que en el 1971, la distribución de los réditos es la menos equitativa que se ha registrado desde la 2ª guerra mundial, y actualmente 1 norteamericano de 4 vive en la pobreza, alcanzando la cifra más alta desde el 1960.

En escala mundial, la distribución regresiva del nivel de vida y de los réditos es aún más acentuada.

En el 1992, el 20% más rico de la población mundial controlaba el 83% de los réditos totales, mientras el 20% de los pobres debían sobrevivir con el 1,4%. El mismo Banco Mundial reconoce que mil doscientos millones de personas viven hoy con menos de 1 dolar al día.

En el 1960, la diferencia entre los réditos del 20% de las personas más ricas y el 20% de las personas más pobres del mundo, era de 30 a 1. En el 1991, esta diferencia pasó a ser de 61 a 1 (PNUD, Informe sobre Desarrollo Mundial Humano, 1994).

Los gastos militares corresponden a la mitad del rédito de la población mundial. En el 1992, alcanzaban los 850 mil millones de dólares, o sea el 49% del rédito mundial.

La liberalización del comercio, resultado de las decisiones de los países "ricos" reunidos en Marrakech, en el ´94, se transformó en un incentivo al tráfico de droga. Dicho tráfico maneja actualmente un volumen de 400 mil millones de dólares, 100 de los cuales son reciclados por los bancos privados internacionales (datos de INTERPOL, Segunda Conferencia Mundial sobre el Tráfico de Cocaína y sobre la Delincuencia Organizada, Santiago de Chile, EL COMERCIO, Lima, 29 de junio de 1994).

Los países industrializados continúan a afirmar con gran solemnidad su voluntad de favorecer el progreso económico y social y el respeto de los derechos de hombre, y al mismo tiempo alimentan en su interno instituciones que trabajan en sentido opuesto; por un lado, profundizando y reforzando las causas de la pobreza, y por otro lado, organizando interventos humanitarios de emergencia, que terminan por llegar siempre demasiado tarde.

Asímismo, resulta evidente la incompatibilidad que existe entre el comportamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) con los objetivos proclamados por sus propios tratados constitutivos, por la Declaración de las Naciones Unidas, y por los mismos principios fundamentales del Derecho Internacional. Dicha incompatibilidad va atribuída propio al FMI y al BM, como consecuencia de las decisiones elaboradas y adoptadas por ellos, como así también de la aplicación de medidas ejecutivas adoptadas por los Estados deudores, que se ven obligados a aceptar las políticas impuestas por las mencionadas instituciones. El consentimiento de los países en vías de desarrollo no puede eximir al FMI y al BM de sus responsabilidades, cuando éstas violan las normas imperativas del Derecho Internacional General.

Dichas políticas reflejan los intereses de las grandes empresas transnacionales y de los gobiernos de los países más industrializados, tanto que se podría decir que el FMI y el BM, en realidad, actúan por cuenta de estos gobiernos, metiendo sus organismos a disposición de estos últimos. Por lo tanto, se puede hablar de una responsabilidad paralela de los gobiernos de los países industrializados.

Para concluir, aquéllos cuyas acciones concretas han contribuído, y aún contribuyen, en modo determinante al proceso decisional en el campo de las políticas de ajuste del BM y del FMI, son suficientemente al corriente de todas las consecuencias que de estas políticas derivan; y peor aún, saben que éstas producen efectos negativos desde el punto de vista humano y social y, a pesar de todo, continúan a comportarse en modo de llevar estas políticas hasta sus últimas consecuencias.

Por todo esto el Tribunal considera al FMI, al BM, a los gobiernos de los Estados del Grupo de los 7, responsables de las violaciones de los derechos de las personas y de los pueblos.

(de la sentencia del Tribunal Permanente de los Pueblos, Madrid 1-3 de octubre de 1995)"

Es una vergüenza que en los países industrializados aún existan tantos pobres.

Así como el hecho de que en estos mismos países no se logre reducir la desocupación es una clara demostración de la irracionalidad del sistema.

Y el mundo desarrollado, el mismo que crea el subdesarrollo y se nutre del sufrimiento ajeno, ahora pretenda encontrar la solución.

El neoliberismo, doctrina impuesta al mundo entero, somete los países pobres al hambre y al sacrificio de sus presupuestos para la salud, la educación, la cultura, la seguridad social y, como si no bastara, los gastos para el agua potable.

Más allá de las declaraciones y de las resoluciones que pueden ser enunciadas en el próximo convenio mundial de la FAO, son necesarios hechos concretos:

PROBEMOS A DISTRIBUIR MEJOR EL BIENESTAR EN CADA NACION Y ENTRE LAS NACIONES.