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ROMA 13-17 de NOVIEMBRE de 1996

CUMBRE MUNDIAL DE LA FAO

EL MUNDO INDUSTRIALIZADO,
EL MISMO QUE CREA EL SUBDESARROLLO Y SE NUTRE DEL SUFRIMIENTO AJENO,
PRETENDE ENCONTRAR LA SOLUCION.

En el 1974 las Naciones Unidas acogieron la primera conferencia mundial de la FAO en Roma. En su discurso, el Doctor Henry Kissinger prometió solemnemente: "En diez años ningún hombre, mujer o niño irá a dormir con hambre". La FAO hizo su propuesta lanzando una serie de ambiciosos programas que habrían debido incrementar la producción alimentaria y terminar con el hambre en el mundo.

Hoy, después de 23 años, hay más personas que mueren de hambre que en cualquier otro período de la historia de la humanidad, el degrado ambiental es mayor que nunca y las condiciones para el cultivo alimentario no fueron jamás menos propicias.

No dudamos que, como en el pasado, se tratará de culpar a aquélla "enorme tragedia humana de la falta de riquezas", o al error provocado por "campesinos ignorantes" que no aplican vigorosamente las políticas neoliberistas y de modernización de la agricultura.

En realidad, la existencia del Tercer Mundo y de su hambre endémica, son el producto de las injusticias sociales producidas por aquellos sistemas políticos y económicos que basan sus decisiones en el lucro y, en consecuencia, en la creación, explotación y perpetuación de la pobreza.

Como testimonianza de todo esto es suficiente reflexionar sobre el acuerdo establecido en la Cumbre de Marrakech, en Marruecos, el 14 de abril de 1994, durante la cual la protección del ambiente fue considerada un obstáculo al libre comercio y, por lo tanto, colocada bajo acusa; un acuerdo que impuso un aumento de la competencia entre los países del Tercer Mundo; un acuerdo en el cual los países industrializados, dueños de la tecnología, imponen al resto del mundo el denominado "trade-related intellectual property rights", o más simplemente el "derecho a la propiedad intelectual" y la patente de todas las formas de vida sui generis: en definitiva, en agricultura (pero no sólo) significa la posibilidad de patentar las semillas obtenidas por medio de la ingeniería genética, lo cual quiere decir dar a las haciendas multinacionales el monopolio de la producción de semillas denominadas de "alto rendimiento". Este es el natural desarrollo de una política que se lleva adelante desde hace décadas y que comenzó en los años ´60, con el programa denominado impropia y tendenciosamente "revolución verde". Estas semillas de "alto rendimiento" producen bien sólo aplicando macizamente fertilizantes e insecticidas, acelerando consecuentemente el degrado ambiental, la salinidad de los suelos, la contaminación de las fuentes hídricas y la dependencia de los campesinos, sea por el abastecimiento de las semillas (lógicamente controlado por las multinacionales), sea por los subsidios para fertilizantes e insecticidas.

Esta política ha intensificado y extendido la tenaza del hambre, incrementando aquellas fuerzas que reducen la disponibilidad de alimentos para los pobres. Ha sido exacerbada la falta de tierras, el ambiente fue degradado, la riqueza se concentró cada vez más en un número reducido de manos y fueron ignorados sistemáticamente los devastantes efectos ecológicos.

¿Cómo podría haber sido de otro modo?

Promocionando productos como fertilizantes químicos, insecticidas y "semillas potenciadas", la FAO ha entregado los campesinos en las manos de quienes controlan estos productos, creando dependencia donde existía independencia, obligando a los campesinos a comprar aquéllo que antes era gratis, encadenándolos en un circuito de diminución del rédito, aumentando el uso de los insecticidas e incrementando la deuda. Allí donde antes los campesinos almacenaban las semillas todos los años - generando un abastecimiento gratuito para la cosecha sucesiva - los nuevos híbridos promocionados por la FAO dejan a los campesinos sin otra posibilidad que volver de año en año a las "industrias de semillas", si desean tener algo para plantar.

La elección de la FAO en el promover cultivos destinados a la exportación perjudicó ulteriormente las condiciones sociales y económicas debido a la intensificación de la agricultura. En algunos países prácticamente toda la mejor tierra agrícola es usada para cosechas de exportación, incluídos productos no comestibles: desde las especias al algodón, a la droga.

Unicos beneficiarios: las compañías multinacionales y la clase político-económica del Tercer Mundo.

La FAO jamás explicó satisfactoriamente cómo el impulsar la producción de mercaderías de exportación sea compatible con su objetivo declarado de "eliminar el hambre y la pobreza rural". Por definición, el alimento producido para exportación no puede ser consumido por quien lo produce. Esto puede parecer obvio, pero no impidió que la FAO alentara a los campesinos de las naciones más pobres y hambrientas del mundo a producir cosechas para la exportación. El Tercer Mundo en su complejo exporta más alimentos a los países industrializados que cuanto importa o recibe en "ayuda con el hambre". ¿Cómo es posible esperar de nutrir las poblaciones hambrientas del sur del mundo mientras se exportan sus cosechas a los países ya hiperalimentados del norte?

Y el paradojo de la agricultura mundial: el Norte rico, en su abundancia productiva, ostenta también la primacía en la producción de alimentos para los pobres; mientras el Sud pobre, con toda su hambre, produce el superfluo para los ricos. Esta situación conviene a las multinacionales que dominan el comercio mundial y a los gobiernos del Norte que disponen de este modo de una gran cantidad y variedad de productos que, por medio de la persuación publicitaria, es consumida por las poblaciones del Norte, cuyas preferencias no son determinadas por elecciones ideales sino que obedecen a las leyes dominantes del dinero y de la convenienza.

Podríamos ir adelante. Podríamos hablar detalladamente sobre la devastación del ambiente provocada por las políticas neoliberistas, podríamos indicar el número de personas asesinadas y envenenadas por los insecticidas, los abusos de los Derechos Humanos que se suceden, y el aniquilamiento de los campesinos cansados de obedecer a la lógica imperial que los exclaviza, que hace morir de hambre a sus hijos y que condena las generaciones futuras.

La seguridad del alimento requiere una actitud con la agricultura que es, prácticamente en todo sentido, el contrario de las actuales políticas de la FAO, por lo tanto sería necesario: